Los bains de mer II: la Bretaña y la Côte d’argent.

Junto con la Côte Fleurie, otras regiones francesas vivieron importantes transformaciones a partir de mediados de siglo, este fue el caso de la Côte d’Émeraude, una sección de la recortada costa bretona.

DINARD

Al otro lado del estuario del Rance, justo enfrente del encantador puerto amurallado de Saint-Malo (trágicamente bombardeado durante la II Guerra Mundial) se erigen las escarpadas costas y las estrechas calas de Dinard. El aspecto agreste resulta decididamente encantador, en Dinard nunca hubo grandes plazas o playas, al contrario, todo fue sinuoso, repleto de recovecos y de roca.

Aguas color esmeralda y villas de aire inglés en Dinard.

Fue precisamente este romántico escenario y el clima suave los que empezaron a atraer a la vecina aristocracia británica. En 1858, se inauguró el primer servicio de transbordador entre Saint-Malo y Dinard y un año después, se fundó el primer établissement de bains, un edificio de madera bastante rudimentario que ofrecía servicios a los primeros bañistas (y aventureros). Asimismo se empezó a urbanizar la población siguiendo el modelo haussmaniano, que debido a las irregularidades del terreno solo se aplicó en parte. En 1866 se construyó el primer casino, hecho de madera.

El despegue definitivo de Dinard llegó en 1873 cuando el conde Rochaïd Dahdah, de origen libanés, invirtió grandes cantidades de dinero en mejorar calles y carreteras. A partir de entonces aristócratas británicos y franceses empezaron a construir sus señoriales villas encaramadas sobre los acantilados; enormes y robustas construcciones de piedra, con tejados puntiagudos y bow-windows que aportaban a Dinard un aire decididamente inglés.

Mapa del pequeño y rocoso Dinard.
Una de las villa más grandes de Dinard, casi un castillo.
La Villa La Garde fue construida en 1898 para el magnate del coñac Jacques Hennesy.

La afluencia de la bonne societé hizo que Dinard se convirtiera para las élites inglesas en el lugar ideal para encontrar esposa y muchas madres no dudaban en llevar a sus hijas y exhibirlas con sus mejores vestidos (y trajes de baño) en busca de un buen partido. Pero la bonne societé también trajo consigo los últimos ingenios tecnológicos y a finales de siglo Dinard era una de las poblaciones más modernas de Francia: el agua corriente llegó en 1888, el primer hospital se abrió el 1891, el teléfono llegó en 1898 y la electricidad en 1902. ¡Nada mal para una pequeña población de veraneo!

La suerte de Dinard se mantuvo durante los años veinte, entonces la población contaba con 4 casinos, 40 hoteles y más de 300 villas. En 1928 con la construcción del Casino Balnéum de estilo Art Decó, Dinard se dotó con una de las mayores piscinas cubiertas de Francia. Finalmente, la crisis de 1929 puso fin a la gloriosa carrera de la station balnéaire más célebre de la costa bretona.

ROYAN

Para seguir la historia de los bains de mer solo basta recorrer el litoral atlántico hacia el sur. Primero encontramos La Baule (1879), con su inmensa playa y los también inmensos hoteles y luego Royan en la Côte d’argent.

Royan fue una pequeña población fortificada de la costa, disputada en la Edad Media por ingleses y franceses. Vivió siempre de espaldas al mar, con unos altos muros que la protegían de las tempestades. Pero en 1836, el ayuntamiento decidió abrir una portezuela en la muralla y excavar una escalera en las rocas para que los “bañistas” pudieran llegar a la playa, también se tuvieron que promulgar unas ordenanzas para evitar que los visitantes se bañaran desnudos cerca de las casas de los pescadores. En 1843, se abrió el primer casino, rápidamente frecuentado por la aristocracia bordelesa.

Si Royan fue un importante centro turístico de la región, no fue hasta la llegada del primer tren desde Paris, en 1875, cuando adquirió el prestigio de una station balnéaire. Alrededor del casco antiguo empezaron a crecer amplios barrios de suntuosas villas y en la amplia playa de la Conche aparecieron los hoteles de lujo.

En 1885 abrió el Casino du Foncillon, con una rica decoración neobarroca y frecuentado por escritores como Daudet, Charpentier o Zola. Pero dos años después surgió la propuesta de construir otro casino, se juzgaba que el Foncillon era demasiado conservador y elitista y se propuso edificar un nuevo “casino republicano”.

El Casino du Foncillon (arriba) y el Casino Municipal (abajo) de Royan.

El ayuntamiento contactó con el arquitecto Gaston Redon (hermano del pintor Odilon Redon) y le pidió “no escatimar ni en espacio ni en proporciones”. El nuevo Casino Municipal, inaugurado en 1895, fue pronto considerado el más grande de Francia y su pomposa fachada neobarroca era una de las más elegantes jamás construidas. Su interior contenía restaurantes, salas de juegos, espacios de lectura y una inmensa sala de espectáculos donde actuaría Sara Bernhardt y donde se presentaría el cinematógrafo. Se llegó a decir que “Royan no había creado el casino, sino que el casino había creado Royan”.

Lamentablemente, ni los casinos ni la ciudad sobrevivieron a los bombardeos aliados de la Segunda Guerra Mundial.

La playa de la Conche en Royan.
La playa de la Conche en Royan.
Dos afiches publicitarios de Royan (circa 1890), destino promocionado por los ferrocarriles franceses.

ARCACHON

Al sur de Burdeos se encuentra Arcachon. Situada en medio de la tranquilidad de los espesos bosques de pinos y las dunas del Bassin (la Bahía), Arcachon siempre tuvo un carácter distinto, más retirado y tranquilo, lejos de las extravagancias de otras ciudades balnearias. Pero sobretodo, siguió conservando una dimensión terapéutica.

En 1857, los hermanos Pereire, dueños del Ferrocarril del Sur, solicitaron a Napoléon III la extensión de la línea férrea hasta la inhóspita zona de Arcachon. Rápidamente, en la costa, surgió la típica station balnéaire con su casino y sus villas a tocar de mar, era la Ville d’Été.

Arcachon aislada entre espesos bosques de pinos.

Sin embargo, en lo alto de la colina al sur de nueva población, los hermanos Pereire decidieron establecer la llamada Ville d’Hiver, un barrio de villas estilo suizo situadas en medio de un frondoso bosque de pinos. En la Ville d’Hiver, el reclamo fue distinto. Los médicos consideraron que el aire de mar mezclado con la fragancia de los pinos y el clima cálido era bueno para la tuberculosis, la station balnéaire  volvía sus orígenes terapéuticos. Cada invierno, centenares de aristócratas y ricos burgueses aquejados de dicha enfermedad se desplazaban a la Ville d’Hiver de Arcachon en busca de quietud y sanación. La elevada presencia de ingleses hizo que hasta se les construyera una iglesia anglicana.

Arcachon, a pesar de su extravagante Casino Mauresque situado en lo alto de la colina, siempre tuvo un carácter más contenido, privado e incluso aislado que otros sitios de villégiature.

El Casino Mauresque en un fotografía antigua y pintado por Oliver Probst.
Fachada trasera del Casino Mauresque.
El interior del casino, exuberante pero no monumental.

Su atmósfera apacible atrajo también a algunas testas coronadas, el zar Alejandro II solía alojarse en el Hôtel de la Fôret y disfrutar de pequeñas escapadas con su esposa secreta la princesa Yuryevskaya; la emperatriz Elisabeth de Austria se alojó en el Grand Hôtel justo después del suicidio de su hijo Rudolph en 1889 y en el mismo hotel se alojó la exiliada reina Ranavalona III de Madagascar en 1901.

Arcachon también fue el lugar de encuentro entre Alfonso XII y su futura esposa la archiduquesa María Cristina de Habsburgo. El soberano tenía pensado viajar a Viena, pero se enteró que los médicos de la archiduquesa le habían recomendado una estancia en Arcachon a finales de agosto de 1879. Alfonso XII, viajando con el nombre de incógnito de “marqués de Covadonga”, llegó a la ciudad el 22 de agosto y se alojó en la Villa Monaco, María Cristina, por su parte, había llegado unos días antes con su madre y se instaló en la Villa Bellegarde.

Mapa de la Ville d’Hiver de Arcachon.
Hay señalados el casino (rojo), la villa de la archiduquesa María Cristina (amarillo) y la villa del Alfonso XII (azul).

Después de las visitas protocolarias, la joven pareja paso una semana paseando por la playa, viendo a los delfines y disfrutando de la hospitalidad de Cécile Pereire, hija de uno de los fundadores de Arcachon que había puesto a su disposición su inmensa propiedad con playa privada. El día 29, los ahora prometidos partieron a La Granja y a Viena.

La Villa Bellegarde, donde residieron María Cristina y su madre.
La Villa Pereire.
Paseo en barca por el Bassin.

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